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Crónica, descenso a la sima de la Llenca del Serrano y sala Vicente Ajado

Crónica, descenso a la sima de la Llenca del Serrano y sala Vicente Ajado. Se nos habían quedado pendientes muchas asignaturas antes de los confinamientos perimetrales, una de ellas era la sima de la Llenca. Nuevamente nos sorprende el google maps que nos lleva directos al aparcamiento de la Sima, que se encuentra a escasos 150 metros de la misma. De camino nos encontramos con un grupo de espeleólogos que están descendiendo una sima (que yo desconocía) que está justo al lado de la carretera, con una apariencia exterior de una alcantarilla se abre un pozo que nos comentan que es interesante... lo apuntamos para la próxima. El día es lluvioso y no encontramos demasiada compañía, tan solo una manada de caballos y otra de cabras montesas que no se asustan demasiado con nuestra presencia. La entrada de la Sima la encontramos al final del camino qué parte desde el parking, la instalación es muy buena y se pueden hacer dos líneas protegidas con seguros químicos de gran calidad, montamos las dos ya que de esta manera saldremos más rápido. El tubo del primer pozo canaliza las aguas y hace que nos empapemos mientras bajamos, la entrada en esta sala es espectacular se trata de un gran espacio con una altura al techo de hasta 50 m, una montaña de derrubios separa dos espacios bien diferenciados, el sitio donde aterrizamos es una sala y un caos, que subiremos directamente para alcanzar la cresta qué da paso a un espacio con grandes formaciones de muchísimo interés. Desde aquí se puede acceder al último pozo que le da a esta sima una profundidad de más de 80 m, pero nuestra intención en esta primera visita es otra, encontrar el estrecho paso que da acceso a la sala Vicente Ajado. Tras revisar concienzudamente la pared de las coladas encontramos un paso estrecho e incómodo que sospechamos que es el que da acceso a la sala, no demasiado convencido el Chavo se mete con dificultad y nos confirma que efectivamente ese es el paso, en un primer momento pienso que no voy a ser capaz de pasar, pero no obstante no voy a hacerlo sin intentarlo. Me meto de espaldas en la gatera e introduzco el brazo por debajo del bloque empotrado, con movimientos más propios de una ameba que de un ser humano consigo pasarlo... la estrechez continúa y con un movimiento de yoga sacando primero el pie entre dos estalactitas y después emergiendo cual potrillo en un parto, accedo a esta magnífica sala. Nos hinchamos hacer fotos con el maravilloso móvil del Chavo y una vez fuera nos dirigimos el pozo de entrada para retornar, otro grupo de espeleólogos acaban de descender y se dirigen hacia el último pozo. La subida de casi 50 metros volados la hacemos con un chorreo incesante de agua que los deja totalmente empapados, pero ya fuera estamos felices por haber conseguido nuestro objetivo

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